No soy una santa

Como sí me sobrara tiempo libre, ahora decido apuntarme al reto de escribir todos los días del mes de junio sobre un tema que nos asignan a través de “The Daily Post”. Y el primer reto no podría ser más adecuado:

Sí te hiciesen santo dentro de 300 años, ¿de qué te harían santo patrono?

Por los post publicados por mis compañeros de reto, los hay que lo tienen muy claro: patronos del aburrimiento, de la juerga, o de soñar despierto.

Yo no seré santa de nada. Pero no me importa, ya llevo el nombre de una. Eso debería contar para algo…

Mi nombre es María Bernarda, y llevo ese nombre por Santa María Bernarda Bütler (n. Auw, Suiza; 28 de mayo de 1848 – †. Cartagena de Indias, Colombia; 19 de mayo de 1924), religiosa suiza, fundadora de las Franciscanas Misioneras de María Auxiliadora. Canonizada el 12 de octubre de 2008 por el papa Benedicto XVI (Wikipedia).

Y claro, teniendo en cuanta que ya llego a la treintena, llevo ese nombre desde mucho antes de que la hicieran santa. La historia tiene lo suyo.

Mi abuela paterna, mucho antes de que yo naciera, le prometió a la entonces Beata María Bernarda que, si le hacía el milagro, nombraría a su primera nieta en su honor. La primera reacción de sus hijos al saberlo fue una mezcla de indignación y sorpresa: “pero… ¡mamá! ¿Cómo se te ocurre prometer tal cosa?

Sobra decir que su segundo hijo, mi padre, cumplió con la promesa. Por cierto, ya he dicho el santo, no diré el milagro.

No es un nombre fácil de llevar, pero ciertamente me imprime carácter. Además, ¿cuantos pueden contar una anécdota como esa? Por no dejar de lado las ilustres Bernardas de la literatura y cultura hispánica.

Empezaré por “La casa de Bernarda Alba”. Obra teatral del escritor Federico García Lorca, que cuenta la historia de Bernarda Alba quien, tras enviudar por segunda vez, decide guardar un riguroso luto de ocho años. Es una historia de mujeres y un reflejo de lo que suponía serlo en la España profunda de mediados de siglo, durante uno de los momentos más críticos de su historia reciente.

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Y para cerrar, haré una breve alusión a la frase coloquial “esto parece el coño de la Bernarda”. Es imposible acostumbrarse a que utilicen tu nombre en una expresión así.

Que algo sea como el coño de la Bernarda quiere decir que es desordenado, que carece de sentido y que todo el mundo ha metido mano sin contemplación alguna. Vamos, que cada cosa que sucede últimamente en este país se podría describir así…

El origen de la frase no está confirmado, pero todo indica que lo más probable es que la Bernarda más famosa de España fuera una prostituta que pasó a la historia por la promiscuidad y buen hacer de su herramienta de trabajo. Desde luego, que mi nombre haya pasado a la historia gracias al incansable trabajo de una tocaya… No se si me debe llenar de orgullo o si es una desgracia.

De mi nombre me quedaré con la emotividad de la historia que me lo ha dado y por la fortaleza de carácter de la Bernarda de Lorca. Todo sea dicho -si bien desarrollo otra profesión más tradicional y mucho menos exótica- no me importaría que la historia me recordara como una mujer que trabajó duro y que supo aprovechar las oportunidades que le dio la vida.

 

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