Historia de un tatuaje

Los tatuajes son casi tan antiguos como la humanidad. Los seres humanos han marcado y decorado su cuerpo desde hace miles de años para demostrar su status dentro de un grupo, como parte de un ritual religioso o de iniciación, o simplemente como amuleto, decoración e incluso señal de castigo.

La momia tatuada más antigua, de la que se tiene constancia, es Ötzi -el hombre de hielo- que data aproximadamente del 3300 a.C.  Hasta 61 tatuajes se han llegado a identificar en esta momia, encontrada en 1991 por dos escaladores en los Alpes, en la frontera entre Austria e Italia. Sus tatuajes consisten principalmente en puntos, rayas o cruces presentes en la muñeca izquierda, la espalda y las piernas.  Usando rayos X, los científicos han determinado que Ötzi pudo haber sufrido artritis en esas zonas, y se especula que sus tatuajes podrían tener una función mágica y curativa.

También hay evidencias de momias egipcias femeninas de 4000 años de antigüedad (2000 a.C.) con tatuajes en sus muslos.  En Gurob, un pueblo al norte de Egipto, se encontraron pequeñas herramientas de bronce (1450 a.C.) previsiblemente utilizadas como instrumentos para tatuar.  Dichas mujeres ostentaban un importante papel en la sociedad: una de ella fue identificada como una sacerdotisa de alto rango llamada Amunet, como así indicaban las inscripciones funerarias encontradas en su tumba; sin embargo, por los prejuicios que también existen alrededor de los tatuajes, en un primer momento muchas de estas momias no recibieron la atención necesaria, al asumir que –por llevar tatuajes- serían mujeres de bajo estrato social. Que estuvieran sepultadas en Deir el-Bahar, una zona asociada con tumbas y entierros reservados para la realeza y élite egipcia de la época, no debía ser motivo suficiente para un estudio más detallado de esas mujeres (cáptese la ironía).

Precisamente muchos de los estereotipos negativos relacionados con los tatuajes tienen su origen en la vinculación histórica que hay entre los tatuajes y actividades de dudosa reputación. En Japón, las diferencias sociales entre los japoneses se evidenciaban a través de tatuajes u otros tipos de marcas corporales: prostitutas, mano de obra sin formación o delincuentes llevaban tatuajes que evidenciaban su condición.  Los miembros de la orden de los Yakuza también adoptaron los tatuajes como símbolo de identificación.

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Roshi Ensei, con todo su cuerpo tatuado y con un pesado bastón en la mano. Utagawa Kuniyoshi, alias Ichiyusai (1797-1861), artista japonés de la escuela ukiyo-e.

Los navegantes ingleses volvían de sus viajes al lejano oriente con tatuajes que conmemoraban sus aventuras, mientras que otros contaban historias sobre los “salvajes” tatuados que encontraban en su camino por las islas de la Polinesia.  De hecho, el origen de la palabra tatuaje proviene del vocablo samoano tatau (tattaow, tattow), que significa “marcar o golpear dos veces” (en referencia al método tradicional de aplicar los diseños o plantillas).  Los marineros adoptaron erróneamente la palabra tattoo, utilizada para describir la técnica de inserción de tinta en la piel, como la palabra para referirse al resultado final en el cuerpo.

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El tatuaje entre las mujeres del pueblo Koita de Papúa Nueva Guinea iniciaba tradicionalmente a los cinco años y cada año se añadían nuevos. El diseño en forma de V en el pecho indica que había llegado a la edad de casarse. Foto tomada en 1912.

 

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Un pe’a es un tatuaje tradicional masculino de Samoa. El tatuaje samoano se sigue practicando de forma continua desde hace siglos a pesar de los intentos de opresión durante la década de 1830.

 

En otras ocasiones, el tatuaje se ha utilizado como identificación forzada, principalmente en personas que habían sido privadas –de una u otra forma- de su libertad.  Más recientemente tenemos el caso de los campos de concentración Nazi, en los se utilizaron los tatuajes para identificar a los prisioneros.  

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Un tatuaje de identificación de un sobreviviente del campo de concentración de Auschwitz

Pero ya en la antigua Grecia los esclavos eran tatuados para saber a quién pertenecían.  Los gladiadores también llevaban tatuajes, que evidenciaban su condición y les impedía escapar, so pena de correr el riesgo de ser fácilmente reconocibles.  Los soldados romanos debían tatuarse las manos como medida disuasoria para evitar deserciones.

En latín, al tatuaje se le llamaba “estigma”, palabra que significa “marca en el cuerpo” (del latín “stigma” y esta del griego ”στίγμα”, que significa “picadura, marca hecha picando con un hierro al rojo vivo”).  Si bien un estigma puede tener un origen sobrenatural (en los santos), por enfermedades sufridas, o simplemente haber nacido con ella, su uso también está fuertemente relacionado con la marca inferida a los criminales como castigo. La connotación de censura del estigma o “la marca negativa que distingue a una persona”, y su relación con el tatuaje, llega hasta nuestros días.

Así, el símbolo de estatus de un tatuaje pasó de ser una representación de la riqueza, a una seña perpetua típicamente vista en rebeldes y criminales.  Muchas culturas le han otorgado a los tatuajes el poder de la sanación y la protección.  Otras lo han utilizado para indicar una transición: el paso de la adolescencia a la madurez; o para expresar una creencia religiosa.  En algunos casos estaban reservados para la alta jerarquía de la tribu, mientras que para otros se consideraba una humillación pública reservada para las castas más bajas. Sea como sea, hay algo común en todas esas culturas: el tatuaje es una forma de resaltar al individuo, como ser diferente, con características únicas –como el tatuaje que ostentan.

En lo personal, me fascina el concepto del tatuaje como declaración de individualidad y compromiso; aunque reconozco que también me encanta como elemento decorativo permanente. Mis tatuajes tienen un importante valor sentimental porque representan a las personas que son más importantes en vida y la relación que tengo y quiero tener con ellas. Vale, puede ser que alguien sólo vea mariposas, flores o un trisquel… pero que en el dibujo haya dos mariposas y tres flores o que sea precisamente ese símbolo celta no es casualidad.

Aunque no están en lugares claramente visibles (cuello o brazos, por ejemplo), mis tatuajes están en zonas de mi cuerpo que se pueden enseñar en público.  Lo cual no indica que lo haga o que esté dispuesta a hacerlo. Desde luego, si voy en bañador se van a ver, pero me molesta mucho que persistan esos estereotipos que relacionan los tatuajes con ser una persona ligera, de poco criterio y que no toma buenas decisiones.

Mi primer tatuaje me lo hice con 31 años, no con 18 ni 20, así que creedme cuando digo que fue una decisión muy meditada, reflexionada y sopesada.  Muchas personas se han apresurado al hacerse sus tatuajes y eso les lleva a arrepentirse luego de lo que tienen grabado en su piel.  En mi caso, cada tatuaje me supuso muchísimo tiempo de reflexión, de hecho, más de un año en cada caso.

Una de las preguntas más frecuentes que recibo no tiene que ver con la elección de mis tatuajes, o si dolió (son agujas atravesando la piel para inyectar tinta… claro que duele, duele de narices). Como soy madre y me hice mis tatuajes después de tener hijos, me preguntan con mucha frecuencia qué le voy a decir a mis hijos cuando me digan que quieren hacerse un tatuaje.  ¡Pues muy fácil!  Lo primero: como llevo tatuajes, mis hijos saben que no tengo prejuicios al respecto. No tendrán que ocultarme los suyos, saben que no voy a juzgarles por ello y espero que todo eso sirva para que tengan la confianza suficiente de hacerme todas las preguntas que tengan antes de tomar esa decisión.  Estos son los consejos que les daré a mis hijos, y que le doy a cualquier persona que está pensando en tatuarse:

  1. Piénsalo bien. Se supone que el tatuaje va a estar ahí toda tu vida.  No lo hagas por moda, ni por capricho, mucho menos por complacer a alguien. Si ponerlos duele, quitarlos todavía más.
  2. Vuelve a pensarlo. Pregúntate: ¿cómo me sentiría si mi madre o mi padre llevaran exactamente el mismo tatuaje en el mismo sitio? Y en caso de duda, no lo hagas.
  3. Un significado, una historia. Los tatuajes serán parte de tu cuerpo, de lo que eres y por tanto deben tener un significado especial para ti. Así te asegurarás de tener siempre un pensamiento positivo cuando lo veas y nunca te cansarás de verlo. Repito: si tienes dudas sobre lo que quieres tatuarte, a lo mejor es que no te deberías tatuar.
  4. Hay relaciones que son para toda la vida, pero otras no. Mis tatuajes no incluyen nombres, y si algún día los incluyen, serán de aquellas personas que –pase lo que pase- siempre serán parte de mi vida… Sin tener que dar explicaciones incómodas a nadie al respecto.
  5. Lo barato sale caro. Es un cliché, pero también es una verdad como un templo. Los buenos tatuajes requieren trabajo, experiencia y profesionalidad. No te pongas en las manos de cualquiera.
  6. Que un tatuaje no limite tus perspectivas de futuro. La realidad es que seguirán existiendo prejuicios sobre los tatuajes. No te hagas un tatuaje en una zona de tu cuerpo que sea imposible de cubrir con ropa, máxime si piensas desarrollar una profesión de las consideradas como tradicionales.  Un tatuaje en las manos, antebrazos o cuello puede suponer una importante barrera para acceder a cierto tipo de trabajos, y más en ciertos países y culturas.  Afortunadamente, cada vez hay gente más abierta, pero el camino por recorrer es largo.

Tengo la suerte de contar con una familia que tiene una mente muy abierta y a la que no le importa que lleve tatuajes, o tienen la consideración suficiente de no decírmelo abiertamente.  También es cierto que ya estoy lo suficientemente vieja como para que no tengan que darme un sermón al respecto.  Recuerdo, cuando tenía 17 años, que una amiga llegó a casa feliz porque se había hecho su primer tatuaje, un delfín rosado del amazonas, en la espalda, a la altura del hombro. Coincidía que la madre de una amiga del colegio estaba en casa, visitando a mi madre que acababa de llegar a la ciudad, después de un par de años sin pisar su país natal.  Pues bien, mientras mi amiga contaba los motivos por los que había decidido tatuarse un delfín, nuestra visita no tuvo reparo alguno en decirle que los únicos que llevaban tatuajes eran los delincuentes y las prostitutas.  Cuando tienes 17 años y escuchas eso, te quedas callada porque el estado de shock ante tal afirmación es tan grande que no sabes que decir…  Pero si escuchase esa perla de comentario hoy, le diría muy elegantemente lo que hace a un delincuente, delincuente y a una prostituta, prostituta… y no es precisamente llevar un tatuaje.

Está claro que debes ser de una pasta especial para hacerte un tatuaje porque siguen siendo motivo de rechazo por muchas personas.  Como mínimo, tienes que ser una persona dispuesta a dar un buen parón al impertinente de turno, a plantearte algunas de las reglas sociales pre-establecidas o ir a veces en contracorriente.

Soy una madre responsable, con títulos universitarios y un buen trabajo.  La cuota de locura y trasgresión a la que tengo derecho la pienso cubrir a mi manera, con mis tatuajes. Si eres una persona que ni se plantea tatuarse, y que yo si lo sea, no te hace mejor ni peor persona.  Sólo nos hace diferentes.  Recuerda lo que nos enseñan de pequeños: “no debes juzgar un libro por su portada”.

Mamá tatuada

Quiero esta sudadera 😉

 

 

Referencias:

Ötzi https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%96tzi

Ötzi, el hombre del hielo http://www.muyinteresante.es/ciencia/fotos/fotos-otzi-hombre-hielo/fotos-57-tatuajes___2504

Tattoo https://en.wikipedia.org/wiki/Tattoo

Tatuaje https://es.wikipedia.org/wiki/Tatuaje#Etimolog.C3.ADa_y_terminolog.C3.ADa

History of tattooing https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_tattooing

 

 

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