Poeta como ninguno, quien conozca a Sabina sabe que ese es el tiempo que tardó en aprender a olvidarla… Y a este paso, el que yo tardo entre un post y otro.  Cada tanto el gusanillo de escribir se queja y me recuerda que mi última publicación es de marzo, aunque mi sentimiento de culpa hace que parezcan esas 500 noches y no 5 meses.

Hoy he recibido un libro de poemas que compré a través de Amazon, ese maravilloso monstruo de las ventas on-line al que poco le queda para decirme que no hace falta comprar ítems sueltos, que para algo existe la cesta de la compra…  Los mensajeros de MRW y SEUR ya conocen a mi madre de nombre porque día sí y día también tocan a su puerta para entregar algo. No exagero, mínimo 3 veces por semana.  Otro día analizaremos si tengo un desorden compulsivo por las compras a través de internet.

Para no desviarme del tema: he recibido un libro de poemas, he leído un par (más otros que ya conocía porque el autor los compartió en su Instagram) y hoy tengo la vena tonta-romanticona que va a reventar en cualquier momento.  Así que he decidido dar rienda suelta a toda mi cursilería para recopilar en este post mis poemas favoritos, y ya si eso, algún día me lanzo a escribir algún otro y de paso a publicarlo aquí, que el último ya cumplió dos años.

El primer poema de esta lista no podía ser otro que “A Margarita”, de Rubén Darío.  Lo leía todas las noches antes de dormir, desde que tenía 6 años y así fue como terminé aprendiéndomelo de memoria. Con el gané un concurso de declamación cuando tenía 10 años (lo de ser una empollona me viene desde muy temprana edad).

El siguiente poema – otro que aprendí de memoria de tantas veces que lo leí- es “A solas”, de Ismael Enrique Arciniegas, poeta colombiano al que injustamente no se le conoce mucho más allá de nuestras fronteras.  Recuerdo que el poema estaba en las páginas finales de un libro con una encuadernación que se caía con sólo mirarla y con ese olor característico que sólo tienen los libros que sobreviven el paso del tiempo.

En tercer lugar, y que conste que no quiero hacer un escalafón con esto, está Pablo Neruda por partida doble y me avergüenza limitar su presencia a sólo dos poemas (y del mismo libro), pero es que son de un libro que me regaló mi madre.  A lo mejor ella no lo recuerda, pero yo sí: “20 Poemas de amor y una canción desesperada”, poema 15 y  poema 20.

Ahora es el turno de Mario Benedetti y aquí hay otro que también va por partida doble, con “Táctica y Estrategia”  y con “No te rindas”. Otra vez, me avergüenzo de incluir tan poco de tan maravilloso autor, pero estos son de esos poemas que me movieron el suelo la primera que los leí… y todavía hoy lo siguen haciendo.

En mi lista no podía faltar Charles Bukowski con “¿así que quieres ser escritor?”, todo un himno a la motivación.  Los creativos que lo utilizaron en una publicidad sabían lo que hacían.

La gran sorpresa de esta lista, por su origen, es el poema “Queda prohibido”, erróneamente atribuído a Pablo Neruda, pero en realidad de un chaval de 22 años, de Portugalete (una villa al norte que España), que está luchando para publicar su primer libro: Alfredo Cuervo Barrero.

Otro atribuido erróneamente: “Y uno aprende”.  Dependiendo de los casos, se atribuye a Jorge Luis Borges, Verónica Shoffstall, Nadine Stair, Fernando Zeledón o se indica como Anónimo. En principio, parece que las fuentes más fidedignas lo atribuyen a Verónica Shoffstall.  Yo lo conocí como atribuido a Borges, pero no es su autor.  De esta lista es uno de los poemas que tal vez más tarde conocí, ya en la era de las redes sociales, cuando un buen día una amiga lo compartió.  Esto resume lo bueno y lo malo de las redes: te da a conocer historias maravillosas, aprendes mil cosas nuevas… pero es necesario contrastar cada bit de información que recibes.

Siento que me quedo muy muy corta, que tendría que pensarme mejor los poemas que decido incluir en esta lista, pero mi instinto suele ser bueno y si estos son los poemas que he recordado, es que estos son los que deben estar aquí.  El último poema que quiero compartir, como no podía ser de otra forma, pertenece al libro que he recibido hoy y es el que le da su título: “Te odio como nunca quise a nadie” de Luis Ramiro, un título que en 32 caracteres (incluyendo espacios) ha sabido resumir un sentimiento que nos deja sin palabras, deseando que esos 19 días y 500 noches de Sabina terminen lo antes posible.

19 días y 500 noches

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