Feliz (no) cumpleaños

Este blog – Del timbo al tambo – cumplió su primer año hace una semana.  Tendría que haber estado más fina y haberlo felicitado en su momento, pero así voy por la vida… a otras cosas.  No soy del tipo de persona que está pendiente de los cumpleaños: no celebro el mío y los que recuerdo (y felicito) están contados con los dedos de las manos. Era de esperar que este caso no fuese diferente.

feliz no cumpleaños

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Bululú, tramoya y guachafita

Mi madre y yo somos amantes y defensoras de la buena ortografía y del buen uso del español.  Normal, siendo ella periodista y comunicadora de profesión. Será algo que me ha transmitido en los genes, o a lo mejor es parte de la educación que recibí.  Sólo se que me sangran los ojos cada vez que leo un tuit de esos en los que es imposible incluir otro error ortográfico porque ya se han cometido todos los posibles.

Ironías de la vida -o no-, estudié ingeniería siguiendo la vena matemática que me viene por el lado de mi padre.  Pero esa es otra historia. Sigue leyendo

Sexador de pollos

Hay trabajos llenos de glamour.  Aquellos que desarrollan su profesión en torno al mundo de la moda o de las artes escénicas parecen estar rodeados de un aura especial, propia de aquellos que viven en una realidad que para el común de los mortales es tan sólo un sueño.

Claramente el de sexador de pollos hoy no entra en esa categoría.

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Derek Zoolander y su mirada “Acero azul”

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Cerrar el año

Caigo en el cliché del post haciendo la valoración de mi 2014, o de 2014 en general. Así que disculpas anticipadas  🙂

No es fácil llegar a 31 de diciembre sin querer rememorar los últimos 365 días; y es que pasan muchas cosas a lo largo de 8760 horas o de 525600 minutos.  Por cierto, no he tenido que hacer las multiplicaciones correspondientes (365×24 y luego x60), me se esas cifras de memoria desde hace unos años: mi paso por una Dirección de Ingeniería y el musical Rent son responsables. Sigue leyendo

Elige una ruta, no una rutina.

Leí Momo, de Michael Ende, cuando tenía 16 años.  Era uno de los libros incluidos en la lectura obligatoria del último curso en el colegio.  Me gustó la historia de la pequeña niña que siempre tenía tiempo para escuchar a todo aquel que necesitaba hablar, con imaginación infinita para hacer la mayor aventura de una tarde en el parque.  Los personajes me parecieron entrañables: Gigi, y los cuentos maravillosos que inventaba para Momo; Beppo, el barrendero; el Maestro Hora y su tortuga Casiopea.  Y luego estaban los hombres de gris.

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