Macromachismos

 

Desde hace un tiempo escucho con más frecuencia la palabra “micromachismos” para hacer referencia a todos esos pequeños comentarios y actos, en apariencia inocentes, siempre muy sutiles, que arrastran una importante carga machista.

El termino fue acuñado hace 25 años por Luis Bonino Méndez, psicoterapeuta, que denomina así a la práctica de violencia de género -en la vida cotidiana- de forma tan sutil que pasa desapercibida, pero que refleja y perpetua actitudes machistas y la desigualdad de las mujeres respecto a los varones. (1) Sigue leyendo

No te rindas

No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños

Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás sola*, porque yo te quiero.

Mario Benedetti

*El poema original dice “solo” pero me he tomado la libertad de cambiarlo a género femenino para que, en este contexto, tenga más sentido.

Hoy es el día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer.

En lo que va de año, 48 mujeres han muerto asesinadas en España, a manos de sus parejas o ex-parejas. Sólo en cinco casos había una denuncia previa. (El Mundo)

Pero las víctimas de esta violencia son muchas más.

A veces siento que no hay mucho que yo pueda hacer… pero sí lo hay. Soy madre de dos niños, soy trabajadora, tengo la capacidad de tomar de decisiones, de educar y de decir basta ya.

Espero tener la claridad necesaria para transmitirle a mis hijos que las mujeres no son la mercancía que quiere vendernos la publicidad.

Espero tener criterio para no apoyar marcas y empresas que refuerzan estereotipos y roles femeninos negativos y pasivos.

Espero tener la fortaleza que requiere ponerse de pie y decir en alto que yo valgo lo mismo que un hombre; que mis decisiones, mi esfuerzo y mis prioridades tienen el mismo valor.

Esta lacra esta sucediendo está más cerca de lo que nos imaginamos. Aunque claramente mi caso no es -ni de cerca- de los más graves, yo también he sido víctima de la violencia de género: he sufrido tocamientos en la calle, hace mucho perdí la cuenta de las veces.  Me han dicho obscenidades. Con excusas de necesitar mi ayuda para encontrar una dirección, tuve que digerir alucinada cómo me terminaban ofreciendo dinero por enseñar mis pechos.  Tienes que ser mujer para entender la rabia y la frustración que supone pasar por eso.  Y no, da igual cómo vas vestida, que esto pasa igual en verano o en invierno, llevando falda o pantalón, con escote o con jersey de cuello alto.

 

No somos putas, no somos fáciles, no somos lloronas, no somos débiles… somos MUJERES.  El mundo se desmoronaría si nosotras no estuviésemos también sosteniéndolo.

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Bululú, tramoya y guachafita

Mi madre y yo somos amantes y defensoras de la buena ortografía y del buen uso del español.  Normal, siendo ella periodista y comunicadora de profesión. Será algo que me ha transmitido en los genes, o a lo mejor es parte de la educación que recibí.  Sólo se que me sangran los ojos cada vez que leo un tuit de esos en los que es imposible incluir otro error ortográfico porque ya se han cometido todos los posibles.

Ironías de la vida -o no-, estudié ingeniería siguiendo la vena matemática que me viene por el lado de mi padre.  Pero esa es otra historia. Sigue leyendo

Un mundo feliz

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Quien me conozca (o me lea) sabe que siento fascinación por la ciencia ficción y en particular por las distopías.  Sea una sociedad autoritaria con un “Gran Hermano” que lo observa todo; humanos intentado sobrevivir tras un apocalipsis zombie; o alimentándose exclusivamente de soylent green; encuentro -cuanto menos- interesante imaginar hasta dónde nos llevará el porvenir si seguimos siendo como somos ahora.

La mayor parte de las distopías describen sociedades que son consecuencia de tendencias sociales actuales y que llevan a situaciones totalmente indeseables (Wikipedia). Precisamente por eso se me antojan tan verosímiles. ¿Qué sociedad tendremos en 200 años si seguimos superponiendo la “seguridad” a los derechos fundamentales de la libertad y la capacidad de elección? ¿Hasta dónde llegaremos si vemos el dolor y el sufrimiento tan ajeno, tan extraño, como si aquello ocurriese en una galaxia muy muy lejana?  Sigue leyendo