Feliz (no) cumpleaños

Este blog – Del timbo al tambo – cumplió su primer año hace una semana.  Tendría que haber estado más fina y haberlo felicitado en su momento, pero así voy por la vida… a otras cosas.  No soy del tipo de persona que está pendiente de los cumpleaños: no celebro el mío y los que recuerdo (y felicito) están contados con los dedos de las manos. Era de esperar que este caso no fuese diferente.

feliz no cumpleaños

El primer año de alguien (o de algo, a todos los efectos) es un hito importante.  Es la consolidación de un proyecto y la ocasión perfecta para reflexionar sobre lo ocurrido durante los últimos 365 días, aprender de los errores y tomar decisiones que nos acerquen a nuestro objetivo.  Lo hacemos cada 31 de diciembre y lo retomamos cada 1 de enero, con la resaca de la noche anterior y con la creencia de que esta vez si nos comeremos el mundo.  Puede parecer un ejercicio banal, pero soy de las que está convencida de que vale la pena intentarlo.  Como dicen por ahí:

Si no sabes a dónde ir, ¿cómo sabes que vas por el buen camino?

Cuando empecé el blog me propuse escribir un post a la semana y pronto me di cuenta de lo difícil que sería alcanzar ese objetivo.  Encontrar un tema interesante (o por lo menos que me lo parezca a mi), documentarme, desarrollarlo y escribirlo, demanda tiempo y dedicación.  Era consciente del compromiso que estaba adquiriendo, pero todavía ingenua al pensar que cumplirlo sería tan fácil como darme de alta en WordPress.com.  Ahora mismo escribo una media de 2,25 post al mes, o lo que es lo mismo, cada 15 días.

Como ya he contado en alguna ocasión, soy ingeniera.  Me encantan la física y las matemáticas, eran mis asignaturas favoritas en el colegio y conseguía sacar muy buenas notas a penas con esfuerzo.  Nunca sentí que lengua fuese mi fuerte.  El análisis sintáctico se me atragantó toda la vida, las conjugaciones verbales se cruzaban en mi cerebro y, aunque siempre he considerado que tengo buena memoria, soy increíblemente insegura con respecto a mi ortografía. Durante todo el bachillerato teníamos que hacer redacciones, muchas.  Y yo sufría. Ahora que lo pienso, tengo que agradecer a mis profesoras de lengua del colegio por su creatividad para proponernos redacciones.  Finales alternativos a los cuentos que habíamos leído; narrar nuestro pasaje favorito de una historia en primera persona, como si nosotras fuésemos los protagonistas; o reescribir el argumento de una novela como si fuese una obra de teatro y presentarlo a nuestras compañeras de una forma original y diferente.

Todo aquello quedó relegado al olvido al empezar la universidad, y verme inmersa en ecuaciones diferenciales, análisis de materiales, programación logística y optimización de procesos industriales.  Pero esta vida da muchas vueltas y sabes como empiezas pero no sabes cómo vas a terminar.  Diez años después de terminar la carrera, y tras pasar por otras áreas -incluyendo formación y la dirección de proyectos de ingeniería-, formaba parte del equipo encargado de gestionar los temas relacionados con la responsabilidad corporativa de la compañía en la hoy sigo trabajando.  Entré en ese departamento por mi (escaso y limitado) conocimiento de uno de los negocios de crecimiento de la empresa, pero era la tuerta en un reino de ciegos, así que algo de valor podía aportar a la nueva área en la que empezaba.  La responsabilidad corporativa, por definición, es un área muy relacionada con la comunicación.  Así que sin planearlo, ni preverlo, me encontré redactando notas de prensa, artículos para revistas y en última instancia el informe de responsabilidad corporativa de la compañía. Llegados a ese punto, el gusanillo de la escritura ya había eclosionado y empezaba a carcomerme por dentro.

El momento cumbre llegó hace poco más de un año.  Por esta época estaba cursando un máster en comunicación y había recibido unas cuantas clases sobre cómo contar historias (storytelling) y la importancia de establecer adecuadamente tu marco de referencia, tu contexto (framing). Clases sobre creatividad y pautas para contar las historias desde las experiencias y los sentimientos (eso todavía me cuesta) para que tus lectores empaticen contigo; dándoles algo que sea relevante, pertinente y único.  Si a eso le sumáis que tengo una hermana enfermera (de la que ya os he hablado) y otra abogada que cada vez que llegan a casa no paran de contar historias de lo que tienen que ver y oír al tratar con la gente… Ahí estaba yo, con ganas de escribir pero sintiendo que no tenía nada que contar.  A mis dos hermanas intentaba convencerlas de que abrieran un blog y contaran sus historias, pero ninguna de las dos me hacía caso(1).  Visto lo visto, tendría que ser yo quien diera el paso.  Y llegó el momento.  No era la única: algunas compañeras de máster también abrieron sus blogs por aquellas fechas, otras desempolvaron los que habían abierto años atrás… debíamos estar en una especie de catársis colectiva que nos empujaba a plasmar en negro sobre blanco todo lo que teníamos acumulado en la cabeza.

Y un viernes por la noche di finalmente el paso. Nació este blog y con el, un año de contar lo que pienso y lo que siento, generalmente más lo primero que lo segundo; sabiendo que lo hago sin miras de volverme famosa, pero si para que unos pocos puedan conocerme un poquito más, porque hay cosas que es más fácil escribirlas que decirlas.

Ya lo decía el gran Charles Bokowski:

“¿ASÍ QUE QUIERES SER ESCRITOR?”

de Charles Bukowski

Si no te sale ardiendo de dentro,
a pesar de todo,
no lo hagas.
A no ser que salga espontáneamente de tu corazón
y de tu mente y de tu boca
y de tus tripas,
no lo hagas.
Si tienes que sentarte durante horas
con la mirada fija en la pantalla del ordenador
ó clavado en tu máquina de escribir
buscando las palabras,
no lo hagas.
Si lo haces por dinero o fama,
no lo hagas.
Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama,
no lo hagas.
Si tienes que sentarte
y reescribirlo una y otra vez,
no lo hagas.
Si te cansa sólo pensar en hacerlo,
no lo hagas.
Si estás intentando escribir
como cualquier otro, olvídalo.

Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti,
espera pacientemente.
Si nunca sale rugiendo de ti, haz otra cosa.

Si primero tienes que leerlo a tu esposa
ó a tu novia ó a tu novio
ó a tus padres ó a cualquiera,
no estás preparado.

No seas como tantos escritores,
no seas como tantos miles de
personas que se llaman a sí mismos escritores,
no seas soso y aburrido y pretencioso,
no te consumas en tu amor propio.
Las bibliotecas del mundo
bostezan hasta dormirse
con esa gente.
No seas uno de ellos.
No lo hagas.
A no ser que salga de tu alma
como un cohete,
a no ser que quedarte quieto
pudiera llevarte a la locura,
al suicidio o al asesinato,
no lo hagas.
A no ser que el sol dentro de ti
esté quemando tus tripas, no lo hagas.
Cuando sea verdaderamente el momento,
y si has sido elegido,
sucederá por sí solo y
seguirá sucediendo hasta que mueras
ó hasta que muera en ti.
No hay otro camino.
Y nunca lo hubo.

(1) Por aquel entonces no… ¡pero mi hermana pequeña ya tiene blog! Aquí os lo dejo:
https://shashazapata.wordpress.com/

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